Algunos recuerdos de como ha sido mi acercamiento a la lecto-escritura


Para poder escribir sobre mi acercamiento a la lectura, es necesario trasladarme al pasado, a mis recuerdos, no aseguro que estos recuerdos sean del todo exactos, ya que por ahí escuche alguna vez, que todos nuestros recuerdos estaban editados por nuestra mente. En fin, como lo menciona Freire, para pensar en cómo fueron mis primeros acercamientos hacia esta práctica, debo releer momentos fundamentales de experiencias en mi infancia.  
Mis padres se divorciaron cuando tenía 6 años, realmente no recuerdo ese hecho como algo traumático en mi vida, pero si como algo que me marco, debido a los cambios que ese acto trajo consigo. A partir del divorcio, mi hermana, mi madre y yo nos fuimos a vivir a cada de mis abuelos.
En ese entonces estaba terminando el preescolar, recuerdo que, en la graduación, la maestra le entrego a mi madre una carpeta con mis trabajos y un análisis de las actividades en las “era buena” y otras en que “debía practicar más”, supongo que con el fin de que nuestros padres supieran en qué condiciones íbamos a la primaria.
Esa carpeta estuvo en mi casa por mucho tiempo, lo recuerdo porque muchas veces jugué con ella, me sentía orgullosa porque por algún motivo asumía que en la carpeta había material con cosas buenas sobre mí, y creo que era verdad, porque después de leerla mi madre solo me dijo que debía ser más compartida con mis cosas.
Cuando entré al kínder ya me sabia las vocales, las aprendí fácil porque en mi casa había tortugas, y cada una tenía un nombre que iniciaba con una de esas letras, me pasaba mucho tiempo discutiendo con mi hermana cual era cual.
El primer grado de primaria no lo recuerdo, pero el segundo si, y no por cosas buenas, recuerdo que me la pasé muy mal porque cuando inicio el curso tenía una maestra que era “buena”, según mi percepción de niña, a la mitad del curso esa maestra se fue, nunca entendí por qué, la suplió un maestro que me daba mucho miedo, su aspecto no me daba confianza y aún recuerdo la tristeza que sentí cuando cambió todas las actividades que hacíamos con la anterior maestra.
Ahora que lo pienso, le tengo algo de resentimiento, porque fue a partir de él que siento que empecé a fingir mi aprendizaje, con esto me refiero a que fue en ese año escolar, me desinterese (sin que fuera consciente) del aprendizaje, como sus actividades no me gustaban las realizaba mecánicamente.
Seguro ese año me fue mal, por fortuna, en ese entonces como vivíamos en casa de mis abuelos, y mis papás se acaban de divorciar, mi hermana y yo éramos el centro de atención, recuerdo que mi abuelo en ese entonces le gustaba buscarnos poesías cortas para que se las declamáramos, con la finalidad de decirla antes, me las memorizaba, pero a la hora siempre fallaba porque se me olvidaban partes, hacia berrinche y ya lo dejaba.
Si cierro los ojos, puedo ir a esos tiempos, veo a mis abuelos sentados en la sala tomando café y viéndonos a mi hermana y a mi hacer nuestras payasadas, cuando llegaba la hora de la declamada era costumbre que yo terminara enojada, porque se me olvidaban las palabras, y me enojaba con todos, me iba y regresaba yo creo que hasta que se me pasaba el enojo o lo que sea que me frustraba en ese entonces.
Es en este momento pienso, en lo cierto que es, que las palabras carecen de significado o sentido, si no tiene relación con mi contexto. Esa poesía que no podía declamar me lo confirma. Seguramente no lo lograba porque esas palabras estaban en mi mente superficialmente, no pertenecían a nada que lo pudiera relacionar con mi mundo, al menos por mi cuenta.
Un día mi abuelo me leyó una poesía que hablaba de mariposas, conocía muy bien a las mariposas, aparte de que ya las había visto, teníamos una perrita que se llamaba así, con la ayuda de mi abuelo lo relacione todo, pensaba que era magia el hecho de que repitiera una y otra vez la poesía sin olvidarla, claro, ya no la tenía memorizada. La declamación fue un éxito, hasta la cantaba.
Retomando tiempos más actuales, me voy hasta la época de la universidad, y de verdad que mal, la mayoría de mis maestros hacían lo que hoy sé que es un error, estudie comunicación, por un lado, llevaba literatura, esa clase me encantaba, la profe Resendiz, nos dejaba novelas semanales, recuerdo que todas me gustaban, leía sin sufrimiento alguno, en las clases hacíamos las diégesis de los textos leídos, tengo sensaciones buenas de ese tiempo.
Por el contrario, mi maestra de semiótica y hermenéutica, nos dejaba un sin número de lecturas, muchas bastante difíciles de entender, y jamás podía lograr relacionar la información de esos textos con la realidad que vivía en ese entonces, fue una clase que padecí, y que me hace reflexionar acerca del tiempo que uno pierde en cuanto aprendizaje. En esa materia solo me dedique a hacer malos resúmenes.
Sin duda, para comprender como ha sido mi proceso con la lectura y la importancia de esta práctica, es necesario reflexionar acerca de como se fue dando en mi trayectoria de vida.

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